Tipos de calefacción y beneficios de cada una de ellas según tus necesidades
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Tipos de calefacción y beneficios de cada una de ellas según tus necesidades

Cuando llega el invierno y llega el frío, la calefacción se convierte en un elemento imprescindible en el hogar. Gracias a ella se consigue elevar la temperatura de las viviendas hasta niveles confortables, que varían según los ocupantes de la casa. Pero en general, la calefacción siempre permite alcanzar una temperatura agradable, que permite a todos estar cómodos. Y si no, basta con regularla un poco. Esto se consigue independientemente de cuál de entre los tipos de calefacción que se tenga instalado.

En efecto, hay distintos tipos de calefacción, que permiten contar con un sistema de calentamiento de estancias que va más allá de las socorridas estufas. Estas son muy convenientes para calentar estancias en viviendas en las que solo se reside durante unos días. O para calentar espacios en los que no se puede, por el motivo que sea, instalar una calefacción permanente.

Pero para mayor comodidad, en el momento en que se va a utilizar la calefacción de manera habitual, es más recomendable instalar un sistema permanente. Pero ¿por cuál decidirse? ¿Qué ventajas aporta cada uno? A continuación te mostramos los distintos tipos de calefacción disponibles y los beneficios que pueden aportarte. Así te resultará más sencillo elegir uno para tu hogar.

 

Tipos de calefacción: radiadores y acumuladores eléctricos

Los sistemas de calefacción eléctrica se encargan de convertir la energía eléctrica en calor. Para ello utilizan distintos aparatos eléctricos que, repartidos por las distintas estancias de una vivienda, una oficina o un local, emiten calor. Hay varios tipos, pero los principales son tres: calefacción mediante radiadores eléctricos, acumuladores de calor y bombas de calor.

Los radiadores eléctricos son una variante de los sistemas de estufas eléctricas convencionales. Se instala con mucha facilidad, ya que solo hay que colocar los radiadores en la pared de la estancia a calentar, cerca de un enchufe. No es necesario hacer ninguna obra para colocarlos, una de sus mayores ventajas. Otra reside en la posibilidad de controlarlos de manera individual. Además, gracias a los modernos radiadores, este tipo de calefacción permite controlar la temperatura máxima que alcanzará cada radiador, entre otras capacidades de los modelos más modernas.

Eso sí, como todo, este tipo de calefacción también tiene sus inconvenientes. Entre ellos, que cada radiador solo sirve para calentar una zona de la casa. Además, consumen bastante electricidad, lo que puede llevar a sorpresas nada agradables cuando llegue la factura de la luz.

La calefacción mediante acumuladores de calor es un tipo particular de la calefacción eléctrica. Se basa en la instalación de una especie de radiadores, pero además de emitir calor, son capaces de acumularlo para  emitirlo a posteriori. En muchas zonas de España son bastante comunes, debido a que no requieren instalación y su mantenimiento es bastante escaso. Eso sí, no están aconsejados en zonas en las que hace mucho frío, puesto que se trata de sistemas no excesivamente potentes.

Además, hay que tener en cuenta que, dado que se trata de radiadores de manejo independiente, cada acumulador solo sirve para calentar la zona de la casa en la que se coloca. Para cubrir toda la casa será necesario instalar varios. Por lo tanto, no es muy aconsejable si la casa o el lugar en el que se va a utilizar con muy grandes. Además, al igual que el resto de calefacción eléctricas, tienen un consumo muy elevado.

Sistemas de bomba de calor

La calefacción por bomba de calor también se puede encontrar en zonas en las que no hace un frío excesivo en invierno. Generalmente comparte tanto instalación como aparatos generadores con el sistema de aire acondicionado. Es un sistema basado en termodinámica, que toma energía de un punto que esté frío (el exterior de la vivienda o del local en el que se encuentra) y la pasa a aire caliente. Este proceso ya se lleva a cabo dentro del sistema de calefacción, en el interior de la casa.

La conversión de aire frío en caliente la realiza una válvula encargada de invertir la temperatura del aire (que en verano, si el sistema también es de aire acondicionado, realiza la operación contraria). Después expulsa el aire caliente a través de las rejillas de un aparato emisor de aire (o de las del sistema de calefacción por bomba de calor integradas en la casa), si toda la canalización del sistema está integrado en la casa. Por ejemplo, protegido por un falso techo. Se trata de uno de los tipos de calefacción que consume menos energía, ya que es un sistema caracterizado por su elevado nivel de eficiencia energética.

Calefacción de suelo radiante

Este sistema de calefacción, bastante en auge en los últimos tiempos, se caracteriza por emitir calor a través de diversos conductos colocados bajo el suelo. Después, este calor se encarga de subir hacia arriba y calentar el aire de las diferentes estancias en las que está instalado. Su origen está en las antiguas glorias castellanas, conductos situados bajo el suelo de viviendas que contaban con estufas o cocinas de leña conectadas con esos conductos que atravesaban la casa.

Sobre todo los pisos superiores (en la parte inferior ya estaba la estufa o la cocina de leña para calentar). El aire caliente producto de la combustión se movía por ellos buscando una salida, y pasaba por todos los conductos antes de salir al exterior, calentando la casa a través del suelo.

Por sus características, está entre los tipos de calefacción que, dependiendo del sistema utilizado para la generación de calor, puede ser eléctrico o de gas. En ambos casos es un sistema que proporciona un gran nivel de confort. Pero también es el que mayor obras requiere para instalarlo, puesto que requiere que se levante todo el suelo de las viviendas o espacios en los que se instala. Esto incide en la necesidad de una mayor inversión para su instalación y puesta en marcha.

En caso de ser una calefacción de suelo radiante eléctrica, se denomina calefacción de hilo radiante. Para instalarla hay que colocar un circuito especial de cables bajo el suelo. Con ella, pasados solo unos segundos desde que se enciende, se empieza ya a notar cómo el calor va saliendo del suelo, para después ir ascendiendo y caldeando cada habitación. Por tanto, el calor en todas las habitaciones es uniforme y agradable. Eso sí, al tratarse de un sistema de generación de calor mediante electricidad, se trata de uno de los tipos de calefacción que más consume.

La calefacción de suelo radiante mediante gas requiere además, como requisito imprescindible para funcionar, agua caliente. Para su instalación también es necesario levantar todo el suelo. Pero a diferencia de la calefacción de suelo radiante eléctrica, lo que hay que instalar para que emita calor una vez instalado es un sistema de tuberías. Una vez cerrado el circuito y finalizada la instalación, al encender esta calefacción, alimentada por gas natural, el agua caliente va avanzando por el circuito, produciendo calor que caldea el suelo y va subiendo hacia el techo.

Tipos de calefacción con combustibles fósiles

Los sistemas de calefacción mediante fósiles pueden ser de dos tipos: mediante calderas de gas o de gasoil. El primero es, sin lugar a dudas, el más «limpio» de los dos, y de muchos tipos de calefacción. Para funcionar precisa un sistema de tuberías que lleven agua caliente a radiadores distribuidos por toda la casa. Eso sí, a diferencia de lo que sucede con los sistemas de calefacción de suelo radiante por gas, estos radiadores no van bajo el suelo, sino colocados en las paredes.

A pesar de esto, instalar una calefacción de gas mediante radiadores sí requiere un obra de instalación. Además, es necesario realizar tareas de mantenimiento en radiadores cada cierto tiempo. También es necesaria la instalación de una caldera, que normalmente requiere una fuerte inversión, y que también hay que mantener.

Se trata de una calefacción que proporciona un calor muy agradable, que con una sola activación del sistema se extiende por toda la casa, o por las estancias en las que estén instalados sus radiadores. Además, al mismo tiempo proporciona agua caliente. Este sistema de calefacción está bastante extendido en muchos puntos, pero todavía hay zonas a las que no llega el gas natural, por lo que es necesario recurrir a otros sistemas.

Uno de ellos, muy utilizado sobre todo en localidades pequeñas y en zonas en las que el invierno es bastante riguroso, es la calefacción mediante calderas de gasoil. Es un combustible bastante menos ecológico que el gas natural, pero resulta imprescindible en localidades en las que no hay presencia de gas y se precisa un sistema de un elevado poder calórico. Su funcionamiento es muy parecido al de la calefacción mediante gas natural.

Eso sí, para alimentar el sistema es necesario contar con gasoil almacenado para ello, y en grandes cantidades. Por lo tanto, hay que contar con un depósito que lo almacene. Por eso se utiliza más en viviendas individuales o comunidades de vecinos pequeñas.

Aunque, actualmente cada vez se utiliza menos el gasoil y se van utilizando otras fuentes de calor renovables y más eficientes como son la biomasa, paneles solares y sistemas de aerotérmia o geotérmia.

Estos son los principales tipos de calefacción que se pueden encontrar en la actualidad. Como puedes ver, hay uno prácticamente para cada necesidad. Incluso para cada tipo de vivienda o clima en el que se encuentre. Para elegir el más adecuado solo hay que sopesar las ventajas e inconvenientes de cada uno.

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